| “Se
mueven corriendo y saltando sobe sus patas
posteriores, y no se parecen nada a ninguno
de los animales europeos que yo he visto”.
Con esta expresión de gran sorpresa,
el famoso Capitán Cook introdujo
a los canguros en la Historia Natural europea,
bautizándolos con la misma voz que
empleaban los nativos australianos (Kangroo),
para designar al emblemático animal
que estaba llamado a convertirse en símbolo
de la futura nación de Australia.
Pero si todo el mundo conoce a estos impresionantes mamíferos, que boxean
literalmente entre ellos para disputarse la hegemonía en la manada, no
son tantos los que saben que existen más de 50 especies diferentes de
canguros, y unas 90 subespecies, variando desde los que no superan el tamaño
de la rata, hasta los que miden lo mismo que un hombre.
El ualabi de cuello rojo o ualabi de Bennet, que tiene un tamaño intermedio
entre estos dos extremos, comparte con los otros marsupiales una asombrosa forma
de reproducción, que se conoce con el nombre de implantación diferida.
En efecto, el celo de las hembras dura 33 días, mientras que la gestación
tan sólo 30: en estos 3 días que restan de celo después
del parto, la hembra vuelve a ser fecundada, pero en este caso, la implantación
del óvulo se posterga 200 días: el tiempo necesario para que la
primera cría complete su desarrollo, y deje disponible para la nueva cría
el marsupio, o bolsa de la hembra. La naturaleza nunca deja de sorprendernos
con la variedad de recursos que es capaz de inventar para asegurar la continuidad
de la vida.
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