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hay que levantar la vista al cielo para
poder admirar a las jirafas. El animal
más alto de la tierra nos devuelve
la mirada desde su elevada posición,
y nos recrea la vista con su figura única.
Es el vigía de la selva, y el único privilegiado capaz de comer
los frutos más altos de los árboles, los cogollos más tiernos
de las copas. Y es que las jirafas pueden rondar la increíble altura de
6 metros, (ya cuando vienen al mundo miden nada menos que metro y medio). Y por
si esto fuera poco, su lengua ronda los 40 centímetros de longitud. Resulta
fácil comprender que no exista herbívoro capaz de disputarle el
alimento en las alturas. Viendo semejante envergadura surge la pregunta sobre
cómo puede el corazón de la jirafa bombear su sangre hasta la altura
de su cerebro, y es que su corazón es el más potente del reino
animal.
Pero con tan poderosa bomba de presión sanguínea ¿cómo
es posible que no se produzcan accidentes cerebrales, lo que comúnmente
conocemos con el nombre de trombos o derrames, cuando la jirafa inclina la cabeza
para beber agua? La respuesta a estas preguntas se llama “rete mirabile” o
red maravillosa. Un sofisticado sistema de pequeños vasos sanguíneos
dotados de señales sensibles a la presión que regulan, en todo
momento, el flujo adecuado de circulación sanguínea.
Pero eso no es todo, el hecho de que cuando las jirafas se hacen un pequeño
corte eviten desangrarse se debe, entre otros factores, a una muy especial configuración
de su piel que la convierte en un material increíblemente flexible, y
que ha sido estudiado por los científicos de la NASA para desarrollar,
a partir de su modelo, los equipos de gravedad de los astronautas. Sin duda,
cuando miramos una jirafa podemos afirmar, literalmente, que estamos ante una
de las creaciones más elevadas de la naturaleza. Más información
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