| Su
lánguida elegancia ha sido celebrada
por los poetas románticos y modernistas;
y es que, ya desde el siglo XIII, su pausada
navegación ha adornado los lagos
y jardines reales de toda Europa. Es por
eso que en nuestro continente se le conoce
como cisne común.
Pero además de su elegancia, es su gran fidelidad conyugal, la que le
ha dado justa fama al cisne blanco: una vez establecidas, las parejas tan sólo
se rompen en caso de incapacidad reproductiva o muerte de uno de los miembros.
Lo mismo que el cisne negro, el cisne blanco se vale de su largo cuello en forma
de interrogación para alimentarse de la vegetación subacuática. |