Siguiendo con nuestro
recorrido, nos encontramos ahora ante un
ave muy peculiar, perteneciente al grupo
de los rátidas, junto a las otras
grandes aves como los ñandúes,
los causarios y el emú, que se caracterizan
por no poder volar. Y es que el Avestruz
Africano es el ave no voladora más
grande y más fuerte que ha logrado
sobrevivir hasta nuestros días.
Se pueden encontrar ejemplares de hasta
2, 7 metros de altura, y pueden llegar
a pesar 150 kg. Pero lo más espectacular
es que gracias a los elásticos tendones
de sus poderosas patas, son capaces de
alcanzar velocidades que rondan los 50
kilómetros por hora.
Su temprana domesticación, posiblemente sea en parte la causante de que
la especie haya llegado hasta la actualidad. Y es que su presencia junto al hombre
está atestiguada desde el tiempo de los faraones egipcios.
En la naturaleza, se distribuye por las llanuras africanas y también en
algunas regiones de Australia, pero se encuentra muy diezmada por lo codiciado
de su carne y de sus plumas.
El avestruz macho se diferencia de la hembra por ser más grande, y también
por el color blanco del borde de sus alas, que semejan enormes abanicos, con
los que compiten a la hora de embelesar a las hembras en la época del
cortejo. Suelen aparearse en grupos de varias hembras y un macho.
Un macho con
un fuerte sentido de la territorialidad, pero que releva por las noches a las
hembras, en la tarea de incubación y protección de los huevos.
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