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ante el más grande de los camélidos
iberoamericanos. Su indiscutible capacidad
para adaptarse a la falta de oxígeno
propia de las grandes alturas, ha hecho
de este camélido americano un compañero
imprescindible del hombre, en las regiones
andinas.
Su domesticación debió producirse al menos hace 4.500 años.
Desde entonces, además de ser un valioso medio de transporte, se ha aprovechado
de ellos su leche, su carne, y hasta sus excrementos para fabricar un potente
combustible llamado taquia. Más información en www.damisela.com |